El Covid-19 no mató al teatro: 

Las artes escénicas siguen vivas y la función continúa 




En 2020, las artes escénicas tuvieron que cesar en todo el mundo en respuesta a las alarmas sanitarias y las medidas de confinamiento impuestas por el Covid-19. Teatros, salas de exhibición y otros espacios de expresión artística de importantes aforos cerraron sus puertas para prevenir y mitigar la propagación del virus. 

Mirando en retrospectiva, el cierre de los teatros no se había producido tan significativamente a lo largo del pasado siglo XX, ni durante las dos guerras mundiales, pero esta sacudida se traduciría en una dura crisis: económica y cultural. Económica para los artistas, cultural para todos. 

Tras aplazar proyectos teatrales o la cancelación rotunda de estos, la suspensión de ensayos presenciales, actores y creadores del gremio asomaron la nariz al mundo digital, en especial a las redes sociales, para seguir sus cursos vitales, aportar un nuevo contenido cultural y continuar haciendo arte ahora en un escenario distinto: el virtual. 

Porque el espectáculo debía continuar. Sí, cerraron las puertas del teatro y los artistas tuvieron que reinventarse, sobre todo, a través de funciones de obras virtuales para mantenerse “cerca” de la audiencia. La nueva realidad impuesta por el Covid-19 supuso la creación de un nuevo público tecnovivial, que trajo consigo la resistencia visual de muchos a este teatro virtual. Pues esos espectadores que aman la proximidad física con el actor (si se quiere), esa audiencia que disfruta en un mismo espacio físico la naturaleza viva y efímera de la presentación que se contempla una vez y que no vuelve a repetirse igual, repudiaron el nuevo orden artístico. 

¿Duraría el repudio y el escepticismo? Estas mentes puristas significaban que “al perderse la presencialidad se pierde también el convivio que sucede entre el montaje y el público durante la representación”, según precisa El teatro en pandemia, un artículo publicado en el portal reurbano.mx. En este contexto, se hizo norma global que, a lo largo de la cuarentena, los periódicos, revistas y televisiones en sus secciones en línea difundieran vídeos de obras teatrales y óperas. Así fue posible disfrutar de puestas en escena de Londres, México, Buenos Aires y Nueva York. 

El teatro por streaming promovió formas interesantes y creativas de usar las cámaras para contar mejor la historia y no solamente como un recurso de transmisión. Se diseñaron contenidos digitales, se grabaciones teatrales y rescataron otras antiguas para retransmitirlas en televisión o plataformas online. Muchas gratuitas, otras por paga. “Estos recursos han sido necesarios porque el público no ha olvidado el teatro y ahora tiene más ganas de ir que nunca", afirmaba en 2021 Margarita del Hoyo, coordinadora del Máster en Estudios Avanzados en Teatro de La Universidad en Internet (UNIR), con sede en España. “Lo más importante es que las instituciones apoyen a la industria dialogando con todos los profesionales implicados para ver cuáles son sus necesidades: desde cómo hacer más seguras las salas hasta cómo organizar obras al aire libre”, abogaba la docente de artes escénicas. 

 ¿Esto era teatro o no? “La cuestión sobre si lo que se está haciendo es o no es teatro parece ser la principal preocupación de todos los que participan en un proyecto de esta naturaleza. La pregunta parecería estar presente en todo momento, desde la creación dramatúrgica, pasando por la dirección, la producción, el trabajo de los actores e incluso por la exhibición frente a los futuros espectadores con los que los artistas han perdido cualquier posibilidad de contacto real. 

Vale destacar sobre este punto que, ya se trate de una representación en vivo o grabada la simultaneidad no soluciona el asunto del contacto actor-espectador. Así la representación se dé en vivo, el actor no puede ver -ni sentir- al espectador, y aunque el espectador sí ve al actor, no está en el mismo lugar. En cualquiera de las dos modalidades que ofrece el soporte virtual, cada uno se encuentra en un espacio distinto y en soledad. Y tampoco hay contacto entre un grupo espectadores que comparte una experiencia”, reflexionaba el director de artes escénicas Ernesto Barraza Elespuru, en su informe Un teatro para la pandemia: alternativas para la creación escénica en tiempos del nuevo coronavirus en el Perú, a propósito del proyecto virtual “Sin filtro” del Teatro Británico. 

“Tal vez definir esta nueva forma de hacer teatro desde lo virtual como utopía sea la que más se acerca a la realidad, en la medida en que hay un deseo por conseguir algo que es técnicamente imposible”. Según el autor esta “dramaturgia de la pandemia” se presentó como la única posibilidad de los artistas escénicos para mantenerse en contacto con el público y seguir contando historias que inviten a la reflexión y a mirarnos como sociedad. “Tal vez hoy más que nunca sería importante que las historias que se cuentan a través de este nuevo formato den real cuenta de lo que está sucediendo, y sean capaces de responder a las incertidumbres, los miedos y los nuevos cuestionamientos que ha traído la pandemia a la humanidad”, precisaba el autor. 

 Surge una pregunta para los puristas: ¿Es mejor ir al teatro con mascarilla? “Para quienes argumentan que el teatro grabado no es teatro, para mí el teatro con cubrebocas también está incompleto”, reflexionó Artus Chávez, actor, director, escritor y productor mejicano, reconocido por los espectáculos de su compañía La Piara. Tras la vacuna, resultó inevitable la reapertura de las salas y la reactivación teatral, claro, bajo ciertos protocolos y un aforo mínimo. “La esencia de la presencialidad no puede perderse, porque sin cultura se vive bastante peor”, precisaba Del Hoyo. La pandemia y los cierres de los teatros supusieron una pausa: para la queja o la reinvención. Yo creo que, para la renovación creativa, la reingeniería artística, para repensar las formas escénicas. 

 La reapertura de los teatros demostró que el arte vivo. Más vivo que nunca, porque al teatro no lo mató el Covid. Y la función debe continuar. Quizá ahora más robustecida

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