Mi compromiso con el teatro
Cuando intento escribir sobre mi experiencia en
estos meses de trabajo, las palabras se resisten. No porque falten, sino porque
sobran. Este ha sido un cuatrimestre muy productivo en el que definitivamente
he pulido mi visión sobre el quehacer teatral.
La exposición a la lectura de dramaturgias, ser
espectador de diversas puestas en escena, profundizar en la lectura de
distintas vertientes del quehacer teatral ha sido una experiencia que suma a mi
sensibilidad estética,
conciencia moral y destrezas del pensamiento.
Si antes contemplaba una obra con el
mero propósito del disfrute, ahora me enfoco en cómo es contada. E intento
intuir el trabajo de profundización del dramaturgo, los actores, director,
personal técnico… En lo personal, me he comprometido a asistir semanalmente a
al menos una función teatral, en ánimo de conocer todas las posibilidades que
se exploran en la escena teatral criolla o internacional (cuando veo una obra
online). Esta exposición me ha llevado de microobras, a musicales, funciones
infantiles y teatro de vanguardia. Entiendo que todo ha sido suma en
conciencia, en apreciación y en valoración, pero, sobre todo, para elevar mi
coeficiente estético.
Es difícil quedarme indiferente a cada propuesta conceptual a la que me expongo sin buscar el trasfondo: social, cultural, humano, discursivo… Con esta nueva conciencia que he ido cultivando en estos meses, la reflexión se impone. Pero no solo reflexiono sobre los valores éticos o morales que pondera el autor, sino que llego a cuestionar los míos y mi proceder en una situación u otra.
En estos meses he estimulado todos mis sentidos (a través de lo leído y escrito), en ánimo de desarrollar mis habilidades para observar, analizar, concluir e intentar ser creativo a partir de mi propio universo e imaginario.
La idea de asociar hechos, situaciones, anticiparme a los autores, ha sido un ejercicio intenso e interesante. He constatado que a cuanta más información diferente te expones, tus neuronas y tu disposición al aprendizaje son mayores. Creo que estás más alerta, ves lo que antes no veías y te empiezan a llamar la atención detalles antes inadvertidos.
Y, definitivamente, he fortalecido los lazos del compromiso con el teatro, que ahora me permito verlo desde una dimensión más amplia, personal y responsable.
Me permito parafrasear lo escrito en el discurso a propósito del Día Mundial del Teatro: “Clamemos por el teatro, porque en cada pueblo que se originó y creció y se hermoseó, y a cada pueblo representa. Y, si queremos, no ha de morir. Seamos responsables de su vida y su suerte: él no espera otra cosa. De la diversidad saldrá nuestra riqueza; de las diferencias, nuestra fraternidad”.
En ese sentido, reitero esa responsabilidad de cara al tipo de teatro que aspiro a hacer: uno que inquiete, que renueve y que estimule a ser mejores personas, ya sea a través de una propuesta de vanguardia o un musical.
De cara al futuro, aunque me sienta tentado por el teatro musical, me quiero permitir explorar todas las vertientes escénicas hasta encontrar mi propia voz, una voz basada en valores y el deseo de la transformación individual y colectiva.

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